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Ingenuidad aprendida, Javier Gomá Lanzón

2 de noviembre de 2012

Ingenuidad aprendida, penúltima recomendación de un amigo (gracias Carlos), me ha resultado un libro difícil de reseñar. Ahora que lo he terminado, siento un dualismo complicado de hacer constar aquí: por una parte Javier Gomá Lanzón me ha hecho el regalo de devolverme a la filosofía y de sumergirme unos días en un estado de reflexión intensa sobre algunos temas que, pese a su transcendencia, tenía apartados, pero, por otro lado, me encuentro en desacuerdo con gran parte de lo enunciado en la obra.

La misma comienza con una magnífica explicación de la llegada de la postmodernidad y sus implicaciones filosóficas, de forma que frente a la filosofía de la sospecha el autor defiende una ingenuidad consciente y a la que se llegaría de forma activa, esto es, una ingenuidad aprendida que nos permitiera buscar valores universales en el nuevo contexto de igualdad que considera, han aumentado las sociedades democráticas y permite la finitud común a todos los hombres. En este marco, Gomá Lanzón postula que es necesario para el ser humano llevar a cabo su emancipación acercándose a la virtud más que continuar ampliando sus libertades. Concuerdo con el autor en que es realmente más importante para qué se emplea la libertad obtenida que el obtenerla en sí pero a diferencia de él no considero el proceso liberatorio humano como concluido, ni mucho menos que el hombre goce de libertad “ad nauseam” o sea “el rey absoluto de su vida privada, disfrutando de libertad ilimitada para elegir su estilo de vida”. Esta visión, no sólo obvia toda la teoría de condicionamiento social y equipara la libertad de todo ser humano desatendiendo a sus circunstancias vitales sino que además, me resulta poco realista o al menos no concuerda con mi sentir de que el ser humano se encuentra en gran medida minimizado, aún atado a multitud de factores jerárquicos y disponiendo de libertad todavía escasa, especialmente en el plano político en el que se enfrenta al extremismo de decidir entre delegar o crear subordinación a menos que tenga el valor de desgastarse en una protesta continua. A pesar de que seguramente mi opinión esté menos contrastada y sea más carente de formación creo que esta manera de concebir la libertad se explica en parte por la visión histórica que el autor nos ofrece de la misma. No me ha gustado que haya acudido a Rousseau para hablar de la experiencia de la libertad en las sociedades primitivas pues considero que una apreciación más documentada podría encontrarse en los textos de antropología, por ejemplo en los escritos por Marvin Harris que reconocen que la humanidad ha pasado la mayor parte de su existencia sin jerarquías formales. (Nuestra especie, Marvin Harris, Alianza editorial, capítulos: ¿Había vida antes de los jefes?; El nacimiento de los grandes abastecedores; El poder ¿se tomaba o se otorgaba? y El umbral del Estado)

Es muy probable que este modo mío de pensar se deba en parte al infantilismo propio del Aquiles en el gineceo del que habla el autor o, quizás, a que mi subjetividad es aristocrática pero esta concepción de la libertad no puede más que chocar frontalmente con la mía y más en un momento en el que Europa se arrodilla ante los mercados y los gobiernos se ven en la decisión de consentir y promocionar la intervención o sufrir a un tecnócrata.

Tampoco concuerdo con el miedo que el autor muestra ante la creación de la moral propia y los supuestos estados de barbarie a los que nos transportaría y considero en parte tiránica la visión de que nadie debería convertir en filosofía aquello que no se atreva a decir en reuniones sociales pues me parece observar que en estas reuniones el autor incluye sólo a su propia concepción de reunión social civilizada y aceptable negando la multiplicidad de formas que asume el ser humano contemporáneo y, por tano, sus maneras de socializar.

Por todo ello, me parece que concebir la libertad como algo ya logrado y difícilmente ampliable es peliagudo; pero perdonad mi excesiva exaltación y analicemos juntos otros aspectos del libro.

Me ha parecido muy acertada la idea expuesta en el mismo de que en la modernidad la ejemplaridad tiene un peso mucho mayor que la ideología. En este punto sí que coincide conmigo en lo observado y su ejemplo de Barack Obama consiguiendo una presidencia sin haber escrito libro alguno sobre teoría política pero sí dos autobiografías se explica por sí solo. Asimismo he disfrutado mucho de la importancia que otorga al ejemplo, al que casi eleva a la categoría de transformador social.

Sin embargo, mi amor por la filosofía postmoderna me impide aceptar que para la posmodernidad pensar sea haber pensado. Creo que esta aseveración constituye un juicio ligero dada la importancia de la crítica cuya labor se me antoja permanentemente inconclusa y del todo ligada a cualquier proceso constructivo que quiera acometerse, si se desea que dicho proyecto esté realmente completo.

La segunda parte del libro constituye un análisis de la filosofía de Ortega y Gasset contraponiendo a su vitalismo expansivo la transcendencia que para el sujeto tiene su finitud, la conciencia de su propia muerte. A pesar del goce que me ha producido siempre la filosofía vitalista y , en especial, la dionisiaca, reconozco que dejar de lado las formas en que la certeza de la muerte influye al ser humano en el desarrollo de su vida podría conducir a una filosofía incompleta, tal y como hábilmente se nos señala en Ingenuidad aprendida. Esta segunda parte ha sido la porción de la obra con la que más he coincidido y además me ha servido para reformar mi visión de Ortega y Gasset al que siempre había tenido por un autor poco novedoso, noción que, ahora, tras la lectura, se me antoja equivocada.

No me queda más que dejar muchas cosas en el tintero, pues pese a su corta extensión el libro puede llevar a largas reflexiones y hay que concebir que, pese a lo rotundo de mi tono, cualquier acercamiento al contenido del mismo que realice por este medio deba ser, por fuerza, incompleto. Recomiendo el texto a todo aquel que esté en desacuerdo con lo que he expuesto pues, sin duda, lo disfrutará pero especialmente a todo el que esté de acuerdo aunque sea sólo vagamente, pues gozará de varios días de discusión interna y, quién sabe, si de un posible proceso de transformación.

Ficha técnica:

Materia: Filosofía

Autor: Javier Gomá Lanzón

Título: Ingenuidad aprendida

Editorial: Galaxia Gutenberg, edición de Círculo de lectores

Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta

Páginas: 173

Lectura compleja

Como aperitivo de lo mucho y variado que podréis encontrar en el libro sin que yo lo haya mencionado, os dejo algunas frases:

“[…] todo hombre sustenta, inevitablemente, una interpretación del mundo y en esa misma medida está abocado a filosofar.”

Sobre la concepción contemporánea de la historia:

“Ya no creemos que la historia sea una magistra vitae ni que el pasado nos proporcione modelos infalibles de conducta, porque hemos abandonado esa concepción cíclica y repetitiva de la historia para la cual el futuro está ya anticipado en el pasado. Pero también hemos perdido la fe en la ley del progreso necesario y en que la historia universal avance en línea recta hacia un paraíso o hacia una utopía situados en un futuro ideal. Ambas concepciones han perdido validez explicativa.”

Dejo también esta frase de Ortega y Gasset que me ha sorprendido, poniendo en evidencia lo mucho que desconozco su obra, especialmente la etapa final de la misma:

“Porque si yo veo nuestra vida como un permanente drama es porque considero como el factor decisivo de ella algo transcendental que la domina, zarandea y apuñala. Este algo transcendente es… el puro Azar. Lo más esencial de la vida es que es constitutivamente azarosa.”

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From → Filosofía

4 comentarios
  1. María permalink

    Entrada larga pero ligera. Me ha gustado.

    • Gracias María. Soy consciente de que es algo extensa para un blog pero tampoco quería hacer algo tan escueto que no se ajustara a la profundidad del libro.

  2. Hola, yo también he llegado a Javier Gomá a través de una recomendación, en esta caso filial. No había leído ningún libro de Gomá, sí algunas de sus columnas en Babelia. El libro lo llevo mediado. Un libro de filosofía debe invitar al pensamiento y a la reflexión, y una crítica como la tuya al libro lo enriquece, porque a fin de cuentas lo bueno de este libro, lo que le da el estatus de válido y valioso, sería en qué medida su lectura invita a la crítica, a la discusión, al debate y la reflexión. Por tanto una crítica a las tesis expuestas por Gomá, es la mejor manera de rendirle tributo, de poder acercar la “filosofía mundana” al pueblo.

    Coincido plenamente cuando leo que en la universidad, se enseña filosofía, pero no a filosofar, ni a pensar por sí mismo de un modo autónomo (Selbstdenken). Nos enseñan a memorizar a replicar lo que han dicho otros, y en la medida de lo bien que lo hagamos más brillantes seremos en el ámbito académico. Un planteamiento que está en las antípodas de aquello que nos hace humanos: la creatividad, que nos singulariza y empodera.

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  1. Acumulando libros « Lecturas al azar

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